
Te encontraré donde pueda, me llevarás hasta el cielo, perdurarás en el aire mientras te vuelvo un sueño.
Personalmente creo que todo esto es una locura.
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje,
a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca
gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que
pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte llaman en Francia a la culminación del abrazo,
que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra
y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman;
pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.