viernes, 28 de octubre de 2011

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje,
a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca
gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que
pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte llaman en Francia a la culminación del abrazo,
que
rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra
y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman;
pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

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